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SINOPSIS

Las siluetas de dos hombres avanzan por un brumoso, silencioso y tenebroso bosque.
De noche, a la intemperie, las dos figuras cenan raíces e insectos al calor de una hoguera. Se acuestan en sacos, bajo una lona que les sirve como tienda de campaña.
Por la mañana, mientras recogen,  uno de los hombres, de nombre Verno, no puede apartar los ojos de Escalón, el perro que les acompaña. El animal yace muerto en el suelo. Lleva así tres días. Verno se lo hace notar a Fabe, el otro hombre. Tras un breve examen del cuerpo inerte de Escalón, Fabe concluye que lo que le pasa a Escalón es que está durmiendo. Verno, pese a su desconcierto, no se atreve a contradecirle y los dos hombres siguen camino, Fabe arrastrando al animal con su cuerdecita atada del cuello. Avanzan sucios, hambrientos y cansados, con grandes mochilas a cuestas, rumbo a un lugar llamado Oleniok al que parece que nunca terminan de llegar.
En la cena, ante su rutinario caldo de raíces, Verno no puede evitar mirar el cadáver de Escalón con otros ojos. Ojos de hambre, que al ser sorprendidos por Fabe miran hacia otra parte, tratando de disimular.
Al día siguiente Verno, pese a las palabras de su obstinado camarada, sigue convencido de que Escalón ya no va a despertar. Para demostrarlo, lo único que se le ocurre es propinarle una fuerte patada en el costado. Fabe, horrorizado, se lanza a protegerle. Se entabla entre los dos hombres una fuerte discusión en la que, a pesar de que el perro ni se ha movido a causa del golpe, Fabe no cambia un milímetro de parecer.
Tanto es así que tras la cena Fabe, con cariñosa devoción, le hace una cura al animal, pues algo se le ha descolocado en el costillar tras la patada. Verno por su parte permanece apartado, pensativo…
Al despertar por la mañana Fabe descubre angustiado que a Escalón le falta una pata. Verno se la ha comido durante la noche. Tiene lugar una enorme bronca entre los dos, y están a punto de pelearse. Verno defiende que se lo tendrían que comer entero. Fabe lo tacha de loco, para a continuación coloca una rama seca en el muñón de Escalón, al modo de pata de palo, a fin de que tenga donde apoyarse cuando despierte.
La desconfianza se ha instalado entre los dos compañeros de viaje. Verno está agotado, física y mentalmente. Llevan tres años caminando y Oleniok no aparece por ninguna parte. Ya ni siquiera cree que vayan a llegar. En ese estado de cosas se acerca hasta Fabe, piedra en mano. Parece dispuesto a agredirle con tal de poder cobrarse la pieza de Escalón. Pero finalmente le puede el respeto por su ahora rival, y no hace nada. Fabe pasa la noche en vela, aferrado a un martillo, asustado. Sin embargo, pese a sus precauciones, a la mañana siguiente el hambre vence al respeto y, en un descuido, la agresión se produce. Fabe queda inconsciente y cuando despierta encuentra a Verno comiéndose otra de las patas del animal. Fabe, martillo en mano, ataca a Verno…
Se produce entre los dos hombres una batalla brutal que dura todo el día y que finaliza de noche, entre huesos rotos y caras deformadas. Verno es de los dos contendientes el que finalmente consigue quedar en pie y Fabe, aún consciente presencia como su antiguo camarada se come de manera salvaje los restos Escalón.
Por la mañana todo se ha calmado. Fabe, o la máscara deforme y oscura que ha quedado de él, toma la calavera del animal entre las manos y aún en ese instante lo llama, como si con ello creyera que puede devolverlo a la vida. Pero no es así. Aceptada la situación un Fabe sin fuerzas divisa a Verno, acurrucado bajo un árbol, hundido, abrumado por los acontecimientos y tan deformado como él.
Los dos hombres reemprenden la marcha juntos, camino de Oleniok.




 
 
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